Estamos en un nuevo año de un nuevo siglo y la geopolítica está en un momento de gran tensión, la llegada al poder del presidente Donald Trump representante directo del poder económico encendió las alarmas en Tiro y Troya, el mundo político se reacomoda, mientras el social espera como siempre llevar la pesada carga impositiva del sistema capitalista depredador y opresor de las grandes mayorías.
En nuestro continente los gobiernos y los pueblos se preparan de la mejor manera posible a defender su independencia y soberanía. Lamentablemente en tiempos decisivos y determinantes como estos surgen los políticos serviles y cobardes que dan la espalda a sus pueblos y debilitan la tan necesaria unidad.
En nuestro país se realizaran elecciones en Abril próximo, vamos a elegir candidatos a gobiernos regionales y asamblea nacional, son estos los que sostendrán la revolución en los difíciles próximos años
En el marco de esta nueva realidad está hecho este ensayo con respeto por la poca reconocida y agotadora tarea del político serio. Ser buen político es muy difícil y muy respetable. Sin embargo, la política está invadida por la improvisación y el clientelismo electoral. Es tiempo de dignificar la política, rescatar la verdad. Sin partidos políticos y organizaciones sociales no hay democracia. Tampoco hay democracia sin gobiernos capaces, eficaces y limpios.
La causa más profunda de nuestros males está en la baja capacidad de gobierno, de nuestros líderes y en la cultura de los partidos políticos que, cada vez más, parecen clubes electorales. El ciudadano común cada vez más deja de creer en la política ni en los partidos. La reducción del estado a su mínima expresión y la desaparición de los partidos políticos serian la pérdida definitiva de la democracia. Por allí no está el camino. La salida está en revolucionar el estilo de hacer política y el estilo de gobierno, combinar las ideologías con las ciencias. Como dice Pascal:
«Las ciencias sin ideologías son un barbarismo tan peligroso como la ideología sin ciencias»
La experiencia política llega a ser un indicador de capacidad política. De este modo, capacidad política y capacidad de gobierno se convierten en términos distintos y, a veces, hasta contradictorios. De esto se deduce que, por un lado no hay una oferta de teorías que estimule a los líderes o gobernantes, mientras que por el otro, los políticos ni exigen ni demandan teorías, el sistema está en equilibrio, mientas tanto se abre paso a la improvisación, el inmediatismo, el clientelismo, el engaño, la corrupción, la ineficacia, la falta de credibilidad y la irresponsabilidad ante el pueblo mandante. Ponen más énfasis en la experiencia electoral que en la de gobierno, en el desempeñó personal más que en la eficacia social.
Hemos gobernado por largo tiempo sin apoyo sólido de las Ciencias Sociales. Estas ciencias avanzan a menor velocidad que el grado de complejidad creciente del juego social, los líderes políticos no valoran las ciencias el conocimiento y las técnicas de gobierno. Aún más, todavía es dominante la dirigencia política que ignora el análisis tecno político y se apoya solo en la intuición y su formación profesional departamentalizada.
Este es el principal reto según nuestro punto de vista que se plantea para esta etapa de la revolución Bolivariana para gobernar en guerra económica: Problemas sociales de complejidad crecientes frente a pobres herramientas de gobierno. ¿Y nos preguntamos?
¿Estamos aprovechando el tiempo en prepararnos mejor para conducir y participar en los procesos de cambio, desde los más modestos hasta los más trascendentes? ¿Los partidos políticos (Polo Patriótico) están conscientes que necesitan algo mucho más complejo que sus escuelas de cuadros para preparar las nuevas generaciones de dirigentes? ¿La Universidad (Unellez, Simón Rodríguez, UBV, Misión Sucre) como ente dinamizador de la sociedad está consciente de su omisión en este campo? ¿Podrían las cabezas dirigentes de comprender que manejan mal la economía, hacen mal uso de los recursos materiales, económicos y talento humano, desperdician el tiempo, y son generalmente incapaces de PLANIFICAR estrategias novedosas innovadoras propias locales, invocando la sabiduría popular, sumando a nuestras universidades estudiantes docentes investigadores de todas las áreas con énfasis en las ciencias sociales, en vez de culpar al destino, a la baja de los precios del petróleo, a las sanciones, al mundo exterior, a conspiraciones reales e imaginarias?
¿A caso hemos comprendido que para modernizar al Estado se necesita primero modernizar a los modernizadores? Sabemos ahora, por la experiencia de nuestros fracasos, que gobernar no solo es un arte y que gobernar con el signo del progreso y en revolución requiere aún de una mayor dosis de ciencia conocimiento y técnica. ¿Nos hemos dado cuenta que dese hace 26 años estamos haciendo la misma campaña electoral que descansa en los hombros de Chávez, mientras el país cambia aceleradamente debido a las crisis global y con el advenimiento acelerado de la ciencia y la tecnología con sus redes sociales e inteligencia artificial? ¿Hemos tomado en cuenta que los protagonistas de este proceso ya tienen una brecha generacional enorme con la generación “Z” que hoy tienen edad de votar?
Hay mucho por hacer es hora de comenzar.
