Durante su primera audiencia ante un tribunal estadounidense, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, envió un mensaje que resonó con fuerza en la palestra internacional y en el corazón del pueblo venezolano.
En su intervención, Maduro reafirmó su condición de jefe de Estado y denunció haber sido capturado en su residencia en Caracas, calificándose como prisionero de guerra. Con voz firme expresó:
“Soy el presidente de Venezuela y me considero prisionero de guerra. Me capturaron en mi casa en Caracas.”
Asimismo, defendió su inocencia y su integridad como hombre y mandatario, al declarar:
“¡Soy inocente! ¡Soy un hombre decente. Soy presidente!”
El pronunciamiento se produce en medio de un proceso judicial cargado de tensiones políticas y diplomáticas, donde la imparcialidad del tribunal y la presión internacional serán determinantes para el desenlace. La declaración del mandatario venezolano refuerza la narrativa de resistencia nacional y coloca a Venezuela en el centro del debate global sobre soberanía y derecho internacional.
