
La ofensiva estadounidense, que Trump calificó de “éxito espectacular”, se produce en un contexto de enfrentamientos previos entre Israel e Irán, iniciados el 13 de junio de 2025 con ataques israelíes a infraestructura iraní. Aunque Washington inicialmente mostró ambigüedad, la decisión de atacar directamente a Irán marca un punto de inflexión, contradiciendo promesas previas de Trump de evitar conflictos prolongados en la región. Esta acción ha sido condenada por países alineados con una visión multipolar, como China, que calificó el ataque como una violación de la Carta de las Naciones Unidas, y Rusia, que lo tildó de “irresponsable”. Estas naciones, junto con otras voces globales, defienden que la diplomacia es la única vía para resolver disputas, especialmente en torno al programa nuclear iraní, que Teherán insiste en que tiene fines civiles.

La narrativa de EE. UU. e Israel, que justifica los ataques como una defensa contra una supuesta amenaza nuclear, choca con la visión de Irán, que denuncia una agresión a su soberanía y reclama su derecho a defenderse bajo el Artículo 51 de la Carta de la ONU. En este escenario, los países multipolares proponen un enfoque basado en el respeto mutuo, el diálogo y la no injerencia. China, por ejemplo, se ha ofrecido como mediadora, mientras que Rusia ha instado a todas las partes a la contención. Estas iniciativas contrastan con la retórica belicista de Trump, quien ha amenazado con más ataques si Irán no acepta la paz en sus términos.
La entrada de EE. UU. en esta guerra no solo tensiona las relaciones internacionales, sino que también pone en riesgo la economía global, con el precio del petróleo en alza y la posibilidad de que Irán cierre el estrecho de Ormuz, lo que afectaría el 30% del suministro mundial. Frente a esta amenaza, el mensaje de los países multipolares es claro: la paz no se logra con fuerza, como afirmó el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, sino con diplomacia y respeto al derecho internacional. La comunidad internacional, incluyendo a ciudadanos iraníes e israelíes que sufren las consecuencias de esta escalada, merece un futuro libre de guerra.
En conclusión, la intervención estadounidense en Irán representa un retroceso en la búsqueda de soluciones pacíficas y un desafío al orden multipolar que prioriza la cooperación sobre la confrontación. La voz de la paz, respaldada por naciones como China, Rusia y la UE, nos recuerda que el diálogo es el único camino viable. Como dijo Guterres, “la única esperanza es la paz”. Es hora de que las grandes potencias escuchen este llamado y trabajen juntas para evitar una catástrofe que nadie desea. La humanidad no necesita más guerras, sino un compromiso renovado con la justicia, la soberanía y la coexistencia.
